Los datos entregados por la Encuesta Nacional de Salud, conocida la semana pasada, son quizás tan preocupantes como el hecho de que su divulgación no parece haber generado en la opinión pública el impacto que ameritan./ La Tercera Esto puede obedecer a que el sondeo del Minsal no arrojó conclusiones novedosas sobre la salud de los chilenos, pero precisamente el hecho de que confirmara tendencias y problemas conocidos debiera encender la alerta: el mal diagnóstico está más allá de toda duda y mientras más demore el país en enfrentarlo, mayores serán los costos de todo tipo que habrá de pagar en pocos años más.
Casi nueve millones de chilenos tienen exceso de peso, un 67% de la población, según cifras de 2009. En ello influyen hábitos poco saludables, como el sedentarismo que muestra el 87% de la población, el 41% que fuma (10 cigarrillos al día, una de las tasas más altas del mundo), el 40% que es bebedor problemático y la mala alimentación de la gran mayoría (bajo consumo de frutas, alta ingesta de sal, popularidad de la comida chatarra, etc.). Entre las consecuencias está que hay un millón 200 mil diabéticos, casi una de cada 10 personas, y una alta incidencia de riesgo cardiovascular (17%).
Las políticas públicas en salud deberán considerar no sólo que buena parte son males asociados a la superación de ciertos umbrales de ingreso -por lo cual, en el caso de Chile, lo esperable es que vayan en aumento a medida que el país crece-, sino que tienden a afectar con más fuerza a los sectores socioeconómicos bajos. Esto supone desafíos importantes para una red de salud pública que ya requiere importantes reformas por otras razones, pero las autoridades -y la ciudadanía, debidamente informada- deben hacerse cargo de las conclusiones que se derivan de la encuesta del Minsal.









































